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Menores que «incluso se definen machistas», apuntó ayer en Zamora la abogada experta en violencia de género, Rosa María Gil, que disertó sobre «Acoso sexual y acoso por razón de sexo».
-Los últimos datos apuntan a un incremento del acoso sexual de los adolescentes hacia las chicas, ¿dónde está el problema?.
-Sí, existen estudios que así lo acreditan. Entiendo que hay chicos que no respetan a las mujeres por un problema de educación, tanto cuando son compañeros de estudios como si mantienen una relación. Es más, incluso ellos se confiesan machistas y entienden que el hombre es hombre y tiene que someter a la mujer. Es, por tanto, una cuestión de educación y lo triste es que se está detectando en la juventud, en esos niveles de 13,14 y 15 años.
-Son conductas que se creían ya perdidas, propias de otras generaciones muy anteriores.
-Eso es lo terrible. Esos comportamientos se relacionaban con determinadas edades, a partir de los 40 ó 50 años, pero no con adolescentes, con quienes son nuestros hijos, a los que deberíamos haberles educado en la igualdad.
-¿Qué ha fallado para que no se haya erradicado esa violencia machista en una sociedad que se supone que está sensibilizada y educa en igualdad?
-Creo que ha fallado esa educación en la igualdad dentro de la escuela, en realidad estamos hablando de este concepto desde hace cinco, seis, siete años, hasta entonces no se educaba o no se transmitían valores en igualdad. Creo que realmente no existe una convicción sobre la importancia de esos valores y, entonces, no se educa a los adolescentes en ellos y, por tanto, no los admiten.
-¿Y el papel de la familia?
-La educación en la familia es fundamental y en este ámbito tampoco se transmite, ni por las madres ni por los padres, esa relación de igualdad. Parece mentira porque seguramente esas madres son las que están sufriendo el machismo en su casa, en la familia, a lo mejor incluso han sido víctimas de violencia de género por sus maridos o parejas. Eso es lo triste. Y que los niños viven y se educan en ese ambiente. Hay que actuar desde que son pequeños.
-Resulta aún más contradictorio porque esas madres pertenecen a la generación de las mujeres liberadas.
-Sí, son casos en los que ni la madre ni el padre, porque es una cuestión de los dos, han transmitido esos valores, hay que trasladarlos al hogar, así se aprenden.
-Con estas perspectivas, ¿tenemos violencia de género para tiempo?
-Me temo que tendremos todavía para unos años porque esto hay que empezar a trabajarlo desde que los niños son pequeños, desde la escuela.
-¿Existe una generación ya perdida, entonces?
-Hay una generación clarísimamente perdida, sí, pero depende de muchos factores. Yo creo que se solucionará y llegará un día en que se comprenda que todos somos iguales independientemente del sexo.